viernes 30 de octubre de 2009

girando picaportes


Es mejor no abrir determinadas puertas...
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"La tinta sella el escozor de la piel pero la carne sigue muda. ¿Me escuchaste alguna vez rugir? En las entrañas, una mueca de espanto. El estómago gruñe y se trepa por el esófago. Sofoca los pulmones y ciñe el corazón. La voz de ultratumba amenaza allí adentro. Adentro. Nace donde muere la lengua. ¿Dónde muere la lengua? ¿Me oíste acaso gritar?"
A.

lunes 26 de octubre de 2009

Under Pressure

These are the days it rains but it never pours
People on streets
People on streets
It's the terror of knowing
What this world is about
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I want to break free

domingo 18 de octubre de 2009

Pensamientos laterales (indeterminados escorzos de una vida causal)

"Imagino al hombre como una ameba que tira seudópodos para alcanzar y envolver su alimento. Hay seudópodos largos y cortos, movimientos, rodeos. Un día eso se fija (lo que llaman la madurez, el hombre hecho y derecho). Por un lado alcanza lejos; por otro no ve una lámpara a dos pesos. Y ya no hay nada que hacer, como dicen los reos, uno es favorito de esto o aquello. En esta forma el tipo va viendo bastante convencido de que no se le escapa nada interesante, hasta que un instantáneo corrimiento a un costado le muestra, por un segundo, sin por desgracia darle tiempo a saber qué, le muestra lo parcelado de su ser, sus seudópodos irregulares, la sospecha de que más allá, donde ahora veo el aire limpio, o esta indecisión, en la encrucijada de la opción, yo mismo, en el resto de la realidad que ignoro me estoy esperando inútilmente (...) Pero entonces lo otro se arrima por el lado de mis carencias y me rasca la cabeza con su uña fría. Lo malo es que me rasca cuando no me pica, y a la hora de la comezón, cuando quisiera conocer, todo lo que me rodea está tan plantando, tan ubicado, tan completo y macizo y etiquetado, que llego a creer que soñaba, que estoy bien así, que me defiendo bastante y que no debo dejarme llevar por la imaginación." Cortázar. Cap. 84, Rayuela.
Los días que me siento así, con todo tan etiquetado y cristalizado, me obligo a sumergirme en la música y a recordar que, en mi otro mundo, hay otro esquema. Literalmente. Los movimientos no son coherentes ni lineales, si es que alguna vez lo fueron, y los fines no son objetivos de medios. Allí es el desorden por el desorden mismo, la latencia del aductor y de los abdominales bajos en los surcos de la mentalización del eje, la respiración en cada relevé solo para despegarse de la Tierra y hacerla luego retumbar con todo el peso de los metatarsos (tratando de todas formas de hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie). Allá la vida es divina y si la tuya no tiene swing, entonces no tiene ningún sentido. Un allá tan lejano pero tan cercano. Y en este esfuerzo por la libertad, o por el absoluto, se desmoronan todas las macizas categorias abriendose en ángulo los costados de lo no abarcado por los seudópodos. Infinitos inefables que se viven y no se piensan. Un poco de pasión. Y mi reiterativa frase: hagamos un poco de magia...

jueves 8 de octubre de 2009

Sr. González

- ¿Está Ud. bajo mucha presión últimamente?

-No, en absoluto.

-¿Y algo reciente que le haya resultado particularmente llamativo?

-¿De mí o del mundo?

-En general. Algún episodio tenso...

-¡Pero todos los días! No podría resumírselo.

-¿Muchos cambios?

-Constantemente.

-Pero entonces sí está bajo presión.

-Al contrario, si lo estuviera, no tendría lugar para el cambio, ¿no le parece?

-No entiendo. A ver, ¿podría decir que su ánimo está estable?

-Claro que sí, como no mantenerse estable cuando se es unidad sintética de múltiples continuos de alteraciones. Es un deber ser. ¿Se imagina el pensamiento occidental sin mi?

-Ahá... Es decir que no puede ser un factor relevante que Ud. esté atravesando cambios...

-No los atravieso, confluyen en mi y en virtud de ellos, soy.

-Disculpe sr. González, pero no lo entiendo. Le comento, Ud. no parece tener ningún problema físico, por lo que pienso que podría ser psicosomático. Si Ud. se considera en perfectas condiciones psicológicas, lo único que le puedo recomendar es comer arroz o fideos con queso por unos días, y, en el peor de los casos, una pastilla de carbón. Que se mejore y en quince días me llama si sigue con diarrea.

martes 29 de septiembre de 2009

Fabiana: fragmentos II

Escribió Fabiana en su diario:
Va, se arregla se maquilla se perfuma, y todo para que él, que él la indiferencie con un estoico beso en la mejilla, una sonrisa amistosa y un salirse con algún otro u otra de los límites de su campo visual echándole en cara que ese tiempo para él no fue más que tiempo perdido. Si al menos hubiese sido su tiempo, tiempo para ella, tiempo de ella… Pero no. Todo lo que hizo en ese lapso temporal no lo eligió más que para él. Proyectaba en función su él. Él, fin en ausencia de él. El fin, en presencia de él. Finalmente, después de tanto fantasearlo, aparece él en concreto quemando con su saludo fraterno aquella pequeña felicidad risueña que se sustenta en el ansiarlo. Se desmorona primero su ingenuo entusiasmo, esa energía del esperar [¿esperar qué? ¿Verlo? Junto con todas las expectativas que subyacen a su aparición]. Luego, sus ganas de todo. Se siguen proyectos, deseos y acciones. Finalmente los demás acaban por fundirse con lo demás en un engrudo amorfo y espeso de indefinidos colores opacos que hace agua hasta el punto de hundirla por completo.
Y después, oscuridad. El sombrío vacío de la súbita muerte de una fantasía hueca reflejo de un pensamiento que se revela como totalmente ajeno al mundo punzante congoja que presiona hasta más no poder el pecho como sofocantes marañas que impiden el libre fluir de las pasiones del plexo callando la efusividad de lo espontáneo.
Y claro. Ahí, la soledad. La eterna no mirada condenadora de un continuo movimiento caótico forzado por el mero pasar del tiempo, de un hacer constante que no apunta hacia ningún dónde ni hacia ningún quién. El sinsentido en carne y hueso.
Él. Una construcción psicológica pseudofantástica soporte de pesados significados aporéticos que se chocan con la irrupción de las primeras partículas de una realidad que se impone. Él. Depositario de ilusiones muy íntimas y anhelos tan propios, de proyecciones y ansiedades constructivas que no se animan aún a ser per se, que buscan, reclaman, necesitan el en otro o el para otro. Todo esto subsumido bajo el gran miedo a lo real. Por eso, tan cerca, tan lejos. Él. Inalcanzable. Perfecto… Seguro. Y ella, cansada tan cansada de querer y no quererlo, porque él, en su esencia más pura, escapa inevitablemente al lugar que le corresponde en ese ser objeto de sus deseos.

miércoles 23 de septiembre de 2009

homus philosophicus


martes 22 de septiembre de 2009

diálogo

Le dije: "yo debería..."
y me interrumpió: "Sí, deberías tantas cosas."
Me habló de los miedos, de obstáculos
autoimpuestos, del peligro de los grandes títulos.
Luego, me preguntó qué prefería,
si crecer y crecer o sentirme segura.
Le dije que lo primero, sin duda alguna.
Entonces, me aconsejó acostumbrarme
a no esperar lo segundo.