"Imagino al hombre como una ameba que tira seudópodos para alcanzar y envolver su alimento. Hay seudópodos largos y cortos, movimientos, rodeos. Un día eso se fija (lo que llaman la madurez, el hombre hecho y derecho). Por un lado alcanza lejos; por otro no ve una lámpara a dos pesos. Y ya no hay nada que hacer, como dicen los reos, uno es favorito de esto o aquello. En esta forma el tipo va viendo bastante convencido de que no se le escapa nada interesante, hasta que un instantáneo corrimiento a un costado le muestra, por un segundo, sin por desgracia darle tiempo a saber qué, le muestra lo parcelado de su ser, sus seudópodos irregulares, la sospecha de que más allá, donde ahora veo el aire limpio, o esta indecisión, en la encrucijada de la opción, yo mismo, en el resto de la realidad que ignoro me estoy esperando inútilmente (...) Pero entonces lo otro se arrima por el lado de mis carencias y me rasca la cabeza con su uña fría. Lo malo es que me rasca cuando no me pica, y a la hora de la comezón, cuando quisiera conocer, todo lo que me rodea está tan plantando, tan ubicado, tan completo y macizo y etiquetado, que llego a creer que soñaba, que estoy bien así, que me defiendo bastante y que no debo dejarme llevar por la imaginación." Cortázar. Cap. 84, Rayuela.
Los días que me siento así, con todo tan etiquetado y cristalizado, me obligo a sumergirme en la música y a recordar que, en mi otro mundo, hay otro esquema. Literalmente. Los movimientos no son coherentes ni lineales, si es que alguna vez lo fueron, y los fines no son objetivos de medios. Allí es el desorden por el desorden mismo, la latencia del aductor y de los abdominales bajos en los surcos de la mentalización del eje, la respiración en cada relevé solo para despegarse de la Tierra y hacerla luego retumbar con todo el peso de los metatarsos (tratando de todas formas de hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie). Allá la vida es divina y si la tuya no tiene swing, entonces no tiene ningún sentido. Un allá tan lejano pero tan cercano. Y en este esfuerzo por la libertad, o por el absoluto, se desmoronan todas las macizas categorias abriendose en ángulo los costados de lo no abarcado por los seudópodos. Infinitos inefables que se viven y no se piensan. Un poco de pasión. Y mi reiterativa frase: hagamos un poco de magia...