sábado, 31 de enero de 2009

Nothing but dust in the wind.



The Days the Wind Blows...

Walking by the beautiful blue sea
I realise that what I'm worrying about is really meaningless
In this day the lukewarm wind is blowing,
I can see
I've been terribly dazzled
There's a glimmer in the sadness, but

How could you do a thing like falling in love with me?
More and more, falling in love with me...

The morning I couldn't even see that,
and the song I couldn't hear
The self I haven't met, perhaps I can meet

I lined up conceited words to say
"You're going too fast",
I said, but it's all right, we can build on that
Because the unforseen feelings, in my heart,
Have come overflowing.
Have come, advancing like this, but

Although I'm getting used to who
I've become,
I'm still always changing
I don't mean I'm unaccustomed to myself,
though, because I'm sure that this is me

Tell me you'll extend your hands
and embrace me, oh far sky
And I'll feel alive

I'll be protected in the center of the world this way,
I sometimes thought, alone
Being released into the center of the world,
I sometimes felt like that

How could you do a thing like falling in love with me?
More and more, falling in love with me...

The morning I couldn't even see that,
and the song I couldn't hear
The self I haven't met, perhaps I can meet

...do you still remember?

sábado, 17 de enero de 2009

Homenaje a Pierre Dulaine




cuestión de FE

Los hombres suponen, comunmente, que todas las cosas de la naturaleza actúan, al igual que ellos mismos, por razón de un fin. Los hombres actúan siempre con vistas a la utilidad que apetecen y proyectan esta modalidad en la naturaleza. Por ello, han interpretado que hay un cierto orden en la naturaleza, han concluido que las cosas de la naturaleza se han dispuesto como si fuesen medios para conseguir lo que les es útil.

Una vez que han considerado las cosas como medios, han afirmado que son los dioses, pues, los que enderezan todas las cosas a la humana utilidad, con el fin de atraer a los hombres y ser tenidos por ellos en el más alto honor (como si las divinidades tuvieran alguna insaciable avaricia)... ¿Otra proyección humana?

Todas las causas finales son, sencillamente, ficciones humanas. Las cosas de la naturaleza acontecen con una necesidad eterna y una suprema perfección. "Perfección" no debe estimarse según las cosas deleiten más o menos los sentidos de los hombres, ni porque convengan o repugnen a la naturaleza humana. Los hombres juzgan las cosas según la disposición de su cerebro, imaginan, proyectan, y no entienden.

Luego, así es como aquellos que conciben la divinidad de otra forma son considerados herejes por las instituciones religiosas, pero porque éstas saben que, una vez suprimida la ignorancia, se suprime la admiración (que quieren, y han generado en el vulgo), la cual es el único medio que tienen de argumentar y preservar su autoridad.

Basado en Spinoza, B., Ética, apendice a la parte I.

martes, 13 de enero de 2009

Un poco de filosofía

La corriente racionalista identifica los principios racionales, o las ideas innatas cartesianas, con los elementos del conocimiento a los que se debe la validez objetiva de la ciencia de la naturaleza (la matemática y la física), e intenta hacer uso de ellos para reconstruir la realidad suprasensible (metafísica: la ontología del mundo, Dios, la libertad…). En principio, estos elementos tienen universalidad, en tanto son comunes a todos los seres racionales, y, a su vez, permiten el análisis, término que nombra propiamente el razonamiento deductivo, es decir, hacen manifiesta la necesidad (lógica, expresada en su forma más típica en la demostración matemática). Luego, según el racionalismo, así se justifica la posibilidad de conocimientos universales y necesarios en la investigación científica.
En cambio, el empirismo identifica estos elementos con los datos de la experiencia, y asigna al pensamiento la función de agregar, mediante síntesis, nuevos datos de la experiencia a datos ya registrados. Esto último es posible porque hay una y la misma conciencia que subyace al proceso, el cual se produce a través de nexos asociativos que no tienen nada de necesario ni de universal: la experiencia es la que es y bien podría haber sido otra, y nos traduce solo lo que ha ocurrido hasta ahora, o lo que ocurre con mayor frecuencia en relación con determinadas conciencias, pero no autoriza a hablar de universalidad. Nosotros creemos encontrar vínculos necesarios y universales pero estos, según Hume, han nacido del mero hábito. En cuanto a la matemática, sí está constituida mediante vínculos universales y necesarios, pero éstos no son más que relaciones entre nombres, entre construcciones abstractas de nuestra mente. No es por lo tanto posible ninguna metafísica con estos supuestos.
El racionalismo, pues, constituye sistemas ideales perfectamente coherentes que desde el punto de vista lógico constituyen mundos posibles, pero no logran demostrar nada sobre la efectiva realidad. El procedimiento resulta vacío por su dogmatismo arbitrario.
El empirismo, por su lado, descuida las condiciones que hacen posible la experiencia misma. Presupone una realidad en sí, construida independientemente de la conciencia, y no revisa el orden, la regularidad de las relaciones entre los datos sensoriales que no son, éstos, a su vez datos o impresiones.
Kant ve claramente que estas relaciones, no siendo dadas por las impresiones tomadas singularmente, deben estar puestas por la conciencia del sujeto en el que se reúnen tales impresiones (y que la síntesis de los datos de la experiencia no puede ser el producto del mero hábito humeano).
Entonces, la metafísica matematizante de los racionalistas no es más que tela de araña, es decir, una red conceptual coherente pero que nada dice con validez objetiva sobre el mundo, y menos sobre el mundo suprasensible. Pero el alma humana siente siempre la necesidad de lo suprasensible, y el empirismo cierra los ojos frente a esta realidad, y se equivoca. Se equivoca al menos al no profundizar el concepto mismo de la experiencia, para encontrar en ella las condiciones que, a priori, es decir, independientemente de la experiencia, son las que de hecho la hacen posible. También se equivoca al no preocuparse por probar si el hombre vale solo como fabricante de ciencia sobre el terreno de la experiencia, o no tiene intereses más profundos frente a los cuales la razón no tiene derecho a ir más allá…
Habrá que replantearse entonces que entendemos por “realidad”, por “conocimiento”, por “experiencia”, por “objeto”, por “sujeto”… Habrá que hablar de lo que es eso que se llama “conciencia” y que permanece una e idéntica a sí misma a través de la multiplicidad de los datos de la experiencia. Habrá que preguntarse si, entonces, es legítimo hablar de un “mundo suprasensible”, y si lo es (si es que nosotros solo podemos conocer aquello que procesa y solo del modo en que lo procesa nuestra capacidad cognitiva), si es legítimo tratar de ir más allá del lenguaje, hablar de metafísica, tratar de explicar, mencionar o aludir a algo respecto de aquel mundo, o de aquel aspecto del mundo al que no podemos acceder…

basado en Lamanna, E. Paolo, Historia de la filosofía, III: De Descartes a Kant -trad.: Oberdan Caletti. Ed. Hachette

lunes, 12 de enero de 2009

pasiones


Es amorfo, es opaco.

En esa oscuridad se revelan.

Pensamientos toman forma.

Desvelan el movimiento.

La pasión.

Constituyente de sentido...

El cuerpo duerme,

En el sueño se expresa.

Es como volar, dicen

y yo digo, es respirar.

viernes, 9 de enero de 2009

La casa Barbie

Era una casa de Barbie –odiaba las barbies, pero ésta era una casa de Barbie, y punto- muy muy grande. Una mansión Barbie.

Las paredes estaban pegadas. Los muebles también. Todo el decorado no era más que papel. Una cama rosa, con almohadones enormes, rosas y blancos, un cubrecama de satín rosa -como si la textura del satín pudiese trascender la textura áspera del papel-. Al lado, una mesita de luz de madera color tierra misionera profundo. Encima, una lamparita rosa con un moñito rosa – el moñito, también de satín-.

Junto a ella, una cajita de porcelana con detalles plateados. ¿Qué había dentro? Como era solo un dibujo, no podía abrirla, así que, pensó, la llenaría todos los días con un poco de imaginación.
Quizá fuera una cajita de Pandora... pero –por suerte- cerrada por siempre, callada por el papel.

En el piso dibujado, una esponjosa alfombra que daba ganas de caminar sobre ella con los pies descalzos. Pero era todo papel.

La piel de sus pies solo podía sentir el frío del borde metálico sobre el que estaba parada, y la piel de sus manos no podía más que acariciar algunos pliegues de su habitación. Su habitación, un dibujo, su realidad, un borde.

El papel de las paredes de la habitación de papel tenían motivos como corazoncitos y estrellitas, todo rosa y plateado. Una habitación estridente. Los diseñadores de la mansión Barbie no sabrían nada de Feng Shui, aunque quizá sabían mucho de marketing.

Una habitación de dos dimensiones, inaccesible al ser de tres.

Del otro lado, al borde del borde metálico, un hueco enorme. Colgaban cuerdas del techo, y los demás habitantes de la casa –sí, había otros seres que al parecer vivían en esa mansión Barbie- paseaban de cuarto en cuarto (o de borde a borde) usando las cuerdas como lianas. Cada cuarto tenía un decorado distinto. A veces no todo era rosa. Habia como once cuartos, tres baños y una cocina.

Todo de papel. Lo que no era de papel eran los bordes metálicos. Es que eso era estar en el cuarto. Estar sobre el borde ese e imaginar que en realidad estaban dentro del decorado. O capaz no imaginar… Ellos creían que realmente estaban dentro.

Claro, ellos no sabían que era una casa de Barbie. No sabían que era una mentira. Un juego. Ellos pensaban que era su casa. Pero… ¿Quiénes eran ellos?

Ella no reconocía ni a su mamá ni a su papá ni a sus hermanos. Era una familia Barbie.

NO. Eran más bien personajes de cuentos diferentes que compartían la casa como si fuesen una gran familia. Creían conocerse los unos a los otros ¡e incluso quererse! pero en realidad nadie conocía a nadie. Bah... ¿En qué realidad?

Para salir del cuarto, para moverse en la casa, había que usar las lianas.
Una familia algo selvática, pensó. Pero la idea le gustaba –odiaba las barbies pero le gustaban las lianas- y decidió hacer de cuenta que aquella era también su casa. Agarró una y se concentró en dirigirse a otro cuarto.
Ay, que difícil!
Ahí se dio cuenta de lo complicado que era desplazarse en liana. Había que tener mucha fuerza en los brazos, y, además, estaba la posibilidad de caerse -no había ni red ni colchonetas abajo-. Sintió algo de vértigo.

2009

Amour Adolescent


À 16 ans, les sentiments intenses semblent durer pour toujours...

























Et pourtant, ce n'est que bien plus tard que l'on comprend que ces sentiments ne sont que le début d'une intense histoire.
2002

domingo, 4 de enero de 2009

Imagen de un silencio

Premian escritos con palabras de muertos. Recortan y mediatizan lo que impacta. No importa cómo impacta.

¿El costo del arte es una vida miserable?

Impacta que no se puede salir.
Impacta las descripciones del mundo de los que viven muriendo.
Impacta cómo una imagen vende y tanto ser paga.
Impacta el confinamiento a prisiones de miedos, de fantasías, de mitos. Que la única compañera sea la soledad. Que la vida sea un constante abismo. de un lado el vacío. esa sensación de sin sentido: paraliza, arde en el cuerpo pero nadie se entera. Salvo el que se consume. del otro lado, una pared. Blanca. Eterna. Opaca.

Impacta la imagen de una imagen que puede poner fin a todo. Y después, esa es la imagen que queda. Que solo enseña una pared blanca. Eterna. Opaca. Superficie kilométrica de heladas frases vacías, conocidas. Fría como un vasto espejo de circo, que distorsiona cuerpo y mundo.

Y ya está, entonces sos superficial. Es una boludez. Todo es una boludez. Y sos boludo porque no podés liberarte de esa boludez.

Y sin embargo, que profundo todo lo que te preguntás, sobre la vida, sobre el sentido… Eso se premia. Eso es filosofía, arte, pasión… Pero que disociado, no? La extrema profundidad de la angustia, la extrema superficialidad de los miedos. Pero que disociado.
¿No?

Pared.
Se rompió las uñas tratando de escarbar la pared. Sintió el vértigo de mirar el abismo. De ver el vacío. De NO SENTIR NO NUNCA MÁS.
Ahí. Sobre el borde.
Ahí. Con la certeza de que en cualquier momento desaparecería el borde sobre el que sostenía todo el peso de una historia no resuelta. con la certeza de que iba a caer. para siempre. en el abismo.
¿Y la vida, entonces? ¿No es más que caída libre? O sino, desangrarse las manos, el cuerpo, para tratar una y mil veces de sostenerse de una pared lisa. ¿Y la vida...
entonces?

La vida: compensar EL ESFUERZO DE VIVIR con cualquier otra cosa que anestesiara, un rato.

Fantasías de escapar. de desaparecer.
La fantasía de que se detenga un momento el mundo para poder bajarse y mirarlo para entender. Entender que está pasando.
Y no soportar no poder seguirle el hilo al tiempo.

Pero no es. N-O-S-E-P-U-E-D-E vivir en el borde (aunque muchos lo cuenten, lo vendan y suene muy profundo, muy importante, muy impactante).

Volver a lugares comunes –la rabia de ver lo que antes no era otra cosa más que una condena eterna- La rabia de que se venda una imagen. La imagen de una imagen. O de un silencio… Porque contra el silencio es la pelea. Pero la imagen parece que está más allá de mi espejo. Más allá de la mirada del otro. La imagen hace a la persona.

(Y se vende la imagen del que pone el cuerpo para jugar a sentir)

Ojala. Ojala fuese solo esa kilométrica superficie de espejo que refleja solo una pared blanca, que no es translucido al sentido. Ojalá no fuese mar, fino espejo azulado en que se refleja la luz, la belleza de los cielos, pero que esconde en su profundidad opaca miles de pequeñas historias de vida, miles de pequeñas luchas por sobrevivir y hacerse un lugar.
(Ojala esta enredadera que va ganando terreno en los lisos muros de valores, de comunicación, de empatía, fuera solo solapamientos de imágenes. Ojala no fuera un grito de auxilio. De reclamo. Un desesperado intento por rescatar los significados, el sentido… en medio de abrumadoras voces y miradas vacías)

Algo está mal.
Muy mal.

jueves, 1 de enero de 2009

La pluma traza suaves curvas. Tímidas. –de lo que no se puede hablar es mejor callar- o escribir… Y la pluma imprime inefables sobre papel de caña. Muestra o dibuja. Pero no dice. –o grita en silencio-Sin voz. No dice. La pluma bosqueja gestos, colores, olores. La textura del papel es rugosa. Aromas de imprenta. La tinta imprime el escozor de la piel pero la carne sigue muda. ¿Me escuchaste alguna vez rugir? En las entrañas, una mueca de espanto. El estómago gruñe y se trepa por el esófago. Sofoca los pulmones y ciñe el corazón. La voz de ultratumba amenaza allí adentro. Adentro. Nace donde termina la lengua. ¿Dónde termina la lengua? ¿Me oíste acaso gritar? Un suspiro muere en tus labios. La pluma traza agudas letras. Cada vez más afiladas. La voz se apaga allí donde nace la lengua. Los pulmones se contraen, la boca se seca. La furia es aire preso entre las costillas. Aire que presiona. El pecho rígido. El aire, tormenta. La mirada es serena porque los párpados la ocultan. La mirada es incandescente. El estómago arde. ¿Alguna vez me oíste morir?